A Frida
Tierras calientes, ávidas de agua.
Atardeceres turbios de polvaredas,
paisajes descompuestos de tanto sol
de tanta luz, de tanta hambre.
Sequedad de boca,
interminables tragos incapaces de sosegar tu alma,
desvaríos agónicos de alcoba,
pasiones de piel inciertas.
Esas son tus raíces mi admirada
poeta de pinceles y lienzos.
La enfermedad devoró tu cuerpo
pero engrandeció tu espíritu
de artista libertaria.
Tu obra, estallido de colores,
magentas, rojos y amarillos
grito desesperado de vida.
Obsesiva presencia de la dama negra,
calavera, osamentas y llanto.
Recrea su ausencia
en brazos de blanca paloma.
Con voz ronca y agitada
solloza su desventura y alimenta
el fuego eterno
de su amor infinito por Diego.



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