Muéstrate, déjate ver.
Olvida para siempre los disfraces.
No hay árboles,
ni tierra,
ni ríos.
El aire un animal enfermo.
Qué descanso es morir.
Regresar a la nada.
Escuché el ritmo de tus pasos,
avanzando vaporosos.
Pero, no es nadie, ni siquiera,
la caricia de una piel transparente.
Tormentas de sangre,
cumbres salpicadas de roca.
Océanos impenetrables.
Muéstrate, déjate ver.
No temo tu rostro siniestro,
acabose tu presencia
de negro y sombras,
cinco lustros
conociendo tu hedor
cinco lustros
con tu aliento en mi nuca.
No eres nada,
ni pretérito, ni futuro,
un simple presente
o quizás, con suerte un verdugo infinitivo.
Mi puerta está cerrada,
busca otro refugio
que tema tu hambre voraz
y despiadada.
Toni Aznar

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