Materiales nobles,
de delicadas líneas,
serenidad pausada,
rostro inmaculado
de la madre piadosa.
Ella mece en su cintura
al hijo amado.
Consuelo resignado
será porque el cielo ruge abnegado.
El descansa
y alimenta su amor ,
ay madre, que eclipsas
cada lagrima que he derramado.
Permite que mi mano
esculpa la caída de tu manto,
permite que mis pupilas
alojen tan desmedida belleza.
Caprichoso y exquisito trazo
que colmó ese gesto perdurable
extraído de la misma nada,
creación propia del mismo Dios.
Toni Aznar

Si solo fuéramos algo más piadosos de lo que somos... Empezando por nosotros mismos, claro, como todo.
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