las mil caras

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domingo, 6 de febrero de 2011

La feria de los corazones






















La feria de los corazones




El día de San Valentín se nos echa encima de forma inexorable . No hay nada más que ver la publicidad en televisiones y medios de comunicación en general. El comercio siempre tiene una excelente excusa en cualquier acontecimiento para obtener una ganancia económica. Aunque ese no es el caso que quiero tratar.
Para algunos enamorados es sin duda motivo de celebración, la excusa perfecta para los besitos tiernos, los secretitos susurrados en el oído, las baladas románticas, los corazones dibujados en las cortezas de los árboles del parque y las declaraciones apasionadas con versos y rimas más o menos acertados, al caer el sol en el crepúsculo de la tarde.
Para otros, sin embargo, la vuelta de ese Santo singular, es motivo de desasosiego, intranquilidad o incluso de auténtico espanto. Sufren de una virulenta alergia a la alta concentración de cursilería en el ambiente. Desde su perspectiva, los enamorados o los que al menos participan en este tipo de festejos, parecen descerebrados, alelados, y tremendamente ridículos. Al menos hasta que un buen día les toque el turno y Cupido les alcance con una de sus flechas embrujadas o envenenadas.
El pensador Ortega y Gasset definió el amor como “una especie de imbecilidad transitoria, un estado de estrechez mental, de anguina psíquica”. Cuando caemos en ella, y gracias a un cóctel químico de testosterona, estrógeno, dopamina y otras sustancias, perdemos, efectivamente la cabeza, perdemos la perspectiva del mundo real que hasta hacía muy poquito teníamos y considerábamos. Se acelera el corazón, pensamos obsesivamente en la persona amada, sufrimos altibajos emocionales, arrojamos las inhibiciones por la ventana y se nos eleva en altísimo grado, la tolerancia a la cursilería.
En definitiva, caer en el amor es caer en el ridículo. Pero lo curioso es que los amantes también ríen. De hecho, las risitas constantes de los enamorados son otra señal más de que han perdido el juicio bajo los efectos de esta dulce enfermedad.
Pues en tal caso seamos positivos y pensemos que los estados transitorios, son justamente eso, transitorios y pasajeros. Aunque no nos engañemos que delicia más envidiable padecer de esa patología por lo menos cien veces a lo largo de nuestras vidas.
Amigos/as Feliz día de San Valentín.






Toni Aznar