las mil caras

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miércoles, 31 de agosto de 2011

La plaza


Estaba sentado en un banco de madera en medio de aquella monumental plaza. Observaba la ida y venida de centenares de palomas, aves que en algunas ciudades se comportan como auténticas ratas, aunque voladoras, eso si. Entre tanto aleteo y plumas meciéndose a merced del capricho del viento, pensaba y murmuraba en voz muy baja lo que aquel preciso momento me devoraba el centro.

Aquellas aves que hoy me parecían unos seres diabólicos en otro tiempo no muy lejano me parecieron esbeltos gavilanes.  Este lugar bullicioso  y repleto de multitud de colores y olores me estaba causando una asfixia insoportable, por momentos me dominaba la angustia, la desesperación. Reconozco esa cara que hiela el alma y paraliza los sentidos, se llama “miedo”.

Haciendo un esfuerzo mayúsculo intento serenarme, intento asirme con fuerza al timón y tomar aire, respirar y hacer entender a mi cerebro que aquello que me está ocurriendo es algo pasajero,  que al igual que me invadió repentinamente, desaparecerá.

Allí, en esa emblemática plaza, un día sentí el aliento de la felicidad.


Toni Aznar